Al suroeste, solitario, y como flotando a un costado de la gran autopista del Turn Pike, hay un edificio. Su única diferencia con otros cercanos, es el de ser un hospital y el tener en su interior, una habitación misteriosa, exactamente la numero 428 capaz de haber mantenido la atención publica durante mucho tiempo.
Todo comenzó un día, cuando Luisito un pequeño niño de apenas 2 anitos de edad, fue ingresado en esta habitación, con una condición de gravedad tan severa, que los médicos apenas daban ninguna posibilidad de que sobreviviera. Pese a los tristes pronósticos, en unos días Luisito se recupero y fue dado de alta.
Tras Luisito fueron alojados en la 428 otros niños, pero todos con dolencias y enfermedades pasajeras los cuales en horas o pocos días regresaban completamente restablecidos y muy felices a sus hogares.
Una noche trajeron a Carlitos, consumido en fiebres, abrazado desesperadamente a las miradas tiernas y angustiadas de sus padres, entre las últimas caricias de sus ojitos tristes. En esta ocasión solo un milagro podía salvarlo.
¡Y el milagro se hizo! Tan solo en unos pocos días, como habia ocurrido con Luisito, también Carlitos sonriendo y saludando a todo el equipo medico, abandono el hospital.
Durante muchos meses se sabía, que algo más allá de lo normal en aquel cuarto estaba ocurriendo. Por mucha gravedad que tuvieran al ser admitidos, todos los enfermos que allí ingresaban, rápidamente se curaban. Aunque los archivos registraban un solo caso, cuyo resultado no habia sido feliz. Habia sido el de una niña, por cierto completamente ciega.
CONTINUARA...
Wednesday, April 28, 2010
PROLOGO ROOM 428
Si me preguntas, por que he escrito estas líneas me costaría trabajo responderte. Hace dos semanas ingrese de emergencia al Kendall Regional Medical Center remitido por mi estimado amigo y medico familiar Nelson R. Herrero. En una rápida y exitosa cirugía, el carismático Dr. Leonidas Ahumada me libro de mi maltrecha vesícula, tras la cual era de suponer que el regreso a mi vida normal seria solo cuestión de horas. Sin embargo, una complicación en la orina obligo al doctor Francisco Carpio a instalarme desagradables catéteres que a su vez comprometieron mi estado de salud y alejarían por varios días mas mi regreso junto a familiares y amigos.
Durante la madrugada del lunes 22 de febrero como ocurría cada noche, me desperté varias veces. En una de ellas, muy cerca del amanecer, me surgió la idea de esta fantasía. Quizás era la materialización de un sueno fugaz, uno de los que cada noche me acompañaban mas allá de mi silencio. Quizás una inspiración surrealista producto de tantas horas de ansiedad vividos.
Ese mismo día era mi alta del hospital. Temprano pedí un bolígrafo y un papel a Bertha mi esposa y mientras ella me miraba extrañada y los tolerantes y sabios doctores José A. Pantaleón y Hernández procesaban mis medicamentos a tomar en casa, di riendas sueltas a este mágico desvelo.
Agradezco a todo el personal que en este hospital labora por todas las atenciones que con mis familiares y conmigo han tenido. Gozar de una institución como el Kendall R. Medical Center es un privilegio y un orgullo para nuestra querida ciudad de Miami.
Estoy seguro su Fundación y su Junta Directiva entiende y sienten la presencia de Dios en todas sus decisiones. Su entusiasmo y sus esfuerzos en preservar ese contagioso calor humano, presente en todas sus instalaciones y servicios, son una prueba de ello. Su desafío constante en una excelente calidad científica de profesionales y tecnología de punta, así lo confirman.
Mi fantasía sin olvidar lo anterior solo pretende recordarnos un sencillo mensaje:
Curar es tarea de la ciencia. Lograr milagros es solo de Dios, quien utiliza vías a veces incomprensibles.
Atentamente,
Vicente F. Fernández
Labels:
Cuba,
cuentos,
espanol,
literatura,
Miami,
narraciones,
prisionero politico,
suspenso,
thriller,
Venezuela,
Vicente Fernandez
Subscribe to:
Posts (Atom)