-I-
Con su bastón el soldado ha golpeado con fuerza en la reja, provocando airadas protestas desde el interior de la celda. Accionan el interruptor de la luz. Tras un fuerte destello desde el techo de la habitación, un bombillo se enciende. Abren la puerta y casi en el mismo instante, siento la pesada mano del guardián que se aprieta sobre mi hombro. Sin esperar su impulso me desprendo de ella, y en silencio penetro en aquel espacio que frente a mi se ha abierto. En segundos chirreando secamente la reja se cierra a mis espaldas.
__ ¡Busca un lugar en el piso y acomódate hasta que amanezca! __ Ha sido una voz casi invisible, de un irreconocible acento extranjero, que surgiendo desde un rincón me ha invitado a hospedarme.
Estoy en una habitación pequeña, apenas iluminada y con camas a ambos lados. Sobre el piso, encogidos pesadamente observo algunos cuerpos. Todos en apariencia están dormidos. Pero apenas tengo tiempo de comprender lo que mis ojos están viendo. Enseguida apagan la luz y todo a mí alrededor nuevamente queda en penumbras.
A pesar del malestar y la confusión que este recibimiento me ha producido, es evidente que debo seguir su recomendación. No hay otra alternativa que disponerme a esperar el amanecer. Por ello, ayudándome de los reflejos que penetran desde el pasillo, busco en este suelo lleno de sombras, algún espacio desocupado donde sentarme.
No tengo la menor idea de la hora. Mi cuerpo esta lleno de adrenalina y hace que me mantenga demasiado despierto, tenso y en un estado de ansiedad. En las condiciones en que me encuentro, es inútil intentar cerrar los ojos, mucho menos tratar de conciliar un sueño. Lo mejor será tratar de descansar.
Lentamente el tiempo transcurre y noto que mis ojos se han adaptado a la oscuridad. La madrugada es aquí bastante fría. Estoy al lado de una pared cuya humedad la estoy sintiendo sin necesidad de tocarla. Por eso descarto la posibilidad de recostarme en ella. Desde mi llegada he percibido el agrio olor a orine en el ambiente pero es ahora que lo noto más fuerte. Decido que es mejor acostarme.
Acurrucado de cara a la pared, convertido en una sombra mas sobre el piso, compruebo que a pesar de su frialdad y dureza, me siento demasiado incomodo con el abrigo que tengo puesto. Me volteo y en silencio logro quitármelo, doblándolo y colocándolo a modo de una almohada bajo mi cabeza.
A ratos escucho pasos cercanos que rápidamente cruzan a través del pasillo. Unos instantes mas tarde, misteriosos, como perdidos en la distancia, rechinan los ruidos agudos de unas llaves al abrir alguna puerta de hierro. Después el silencio. Y con el, esta nueva lluvia de interrogantes, que sin poder evitarlos comienzan a sacudirme.
Dentro de muy poco tiempo mi madre estará enterada de todo lo que ha sucedido. Papá ira temprano por ella a la clínica, y estoy seguro la escena de su encuentro será conmovedora. Sus ojos sumidos en la tristeza, derramaran muchas lágrimas. Afligida y turbada reclamara respuestas imposibles de obtener. Abrazados ambos, ardiendo de dolor y espanto buscaran refugio, en la ternura acariciadora de sus recuerdos.
Una vez más escucho pasos apresuradas por el pasillo. Al instante las sombras acostadas a mí alrededor como movidas por la agonía o el desvelo se han agitado. En unos segundos vuelven a quedar inmóviles. Muy pronto comprenderé en mi interior, el motivo de estos reflejos inconscientes en las madrugadas.
-II-
Nuevamente se han acercado a la reja gritando que enciendan la luz. Reviven las protestas. En este caso el que llama es un policía de civil quien muestra entre los barrotes una foto de unas 6 x 4 pulgadas. Quiere saber si la persona de la fotografía esta en esta celda. El recuerdo desagradable del flash vuelve a iluminar mi cara. Es el mismo individuo que nos tomo las fotos en el salón y quien posiblemente esta comprobando mi ubicación o corrigiendo algún descuido por el cometido. Veo mi foto. Me incorporo y desde el piso le digo que soy yo. Entonces menciona mi nombre y apellidos. Al confirmarle se retira rápidamente. Apagan la luz.
Continúa pasando el tiempo lentamente. Llevado de su mano respiro la soledad que me rodea. Tratare de no pensar demasiado. He penetrado en este mundo confuso lleno de callejones sin salida. Como muchos otros aquí, estoy oculto a la vista de la ciudad en estas profundidades húmedas y pegajosas. Al rato regresan los duros golpes del bastón sobre la reja. Nuevos reclamos para un descanso imposible en este lugar. En esta oportunidad al igual que a mi arribo, los rudos policías militares abren la puerta. Entra un hombre delgado relativamente joven.
Tiene una buena forma física y su rostro algo ajado por la hora es tranquilo, con una bien peinada mata de pelos ondulados y canosos. Viste elegantemente de traje azul oscuro a rayas, y calzado con costosos zapatos y cinturón a juego de fina piel de cocodrilo. De espaldas a la reja nos mira con más curiosidad que temor.
Como en mi caso, la cavernosa voz, con su autoritario tono surge desde un rincón impreciso, penetrando las sombras, mientras le ofrece que se acomode. Quedamos nuevamente en penumbras. Sin embargo, el recién llegado, ajeno a la voz permanece de espaldas al pasillo, de pie, indeciso, mirando las sombras estirarse sobre aquel pedazo de piso misterioso.
Sabiendo a mi lado aun queda espacio disponible, le recomiendo que se acomode lo mejor que pueda pues muy pronto amanecerá. Ambos compartimos aquel pedazo de cemento frío en nuestra primera noche. Ambos compartiremos muchos otros años bajo los pesos de nuestra larga prisión, condenados en la misma causa e identificados en una prolongada y una estrecha amistad.
-III-
Se enciende la bombilla y se escuchan ruidos. Más ecos de rejas que se abren y se cierran. Aunque no podemos apreciar la luz del día, suponemos que muy cerca, allá en la calle, ya ha amanecido. Por el pasillo frente a la celda, arrastran un carrito que nos trae un pedazo de pan y un trago de café como desayuno.
En las celdas y galeras donde conviven numerosos presos, se utiliza el nombrar por los mismos prisioneros, a una persona para que los represente ante la guarnición. Este jefe de presos, a la vez que mantiene una comunicación con los guardias, viabiliza las necesidades de atención médica, medicinas, asuntos relacionados con la alimentación y cuando es posible con la higiene.
Tan pronto amaneció este día, supe que la imperiosa voz que enviaba ordenes durante la noche, procedía de la única torre de dos camas colocada en el extremo derecho de la habitación, y beneficiada por la ventanilla de ventilación que daba sobre el pasillo. Su habitante, un hombre rudo, de fuerte acento extranjero, algo enigmático y por sus historias contadas por el mismo, bastante aventurero.
El Checo, llamado así por su país de origen, era desde muchos meses atrás, nuestro receloso y bastante lleno de secretos, jefe de galera. Calvo, atlético a pesar de una edad que debía superar los 50 años, este gigantón lampiño de pantalones cortos y ojos sagaces y penetrantes, habia sido según los comentarios, un coronel del ejército checoeslovaco y uno de los jefes de las milicias cubanas en una zona antiguerrillera de El Escambray.
A mi alrededor lentamente algunos detenidos se estan incorporando de sus camas. Otros aun sentados en sus bordes, con sus piernas colgando al vacío, conversan entre ellos o tratan de despabilarse. Diseminados por el piso de la habitación, algunos cuerpos se han sentado mientras otros permanecen aún acostados.
A la izquierda entre la última hilera de camas y la pared del frente de la celda hay un muro de ladrillos de unos seis pies de alto. Un hueco abierto en el piso para hacer las necesidades, una tubería galvanizada que brota de la pared a modo de ducha, y un pequeño lavamanos con una llave conforman el único baño existente en la celda. Para lograr un poco de privacidad, un raído trozo de tela oscura de yute, cuelga a su entrada como cortina. Frente a ella, graves y resignados, un grupo de hombres permanecen de pie a la espera de su turno para asearse.
Como en poco tiempo aprenderé, en este mundo subterráneo a excepción del amanecer que es muy temprano o las comidas, todo corresponde a una desafiante dimensión del manejo de tu tiempo. Sin un reloj para orientarte, el resto serán las sombras de tus inquietudes y los ecos de tus recuerdos. Las inesperadas llamadas a interrogatorios con las agotadoras tensiones a tu regreso, la cuidadosa relación con los que a tu lado conviven ante la posibilidad de delatores y los deseos inútiles de dormir en medio de tus continuos desvelos.
Me doy cuenta que estoy mas cansado de lo que creía, pero me incorporo del piso. El mundo que va tomando vida a mí alrededor, pareciera ignorarme. Percibo el olor del desayuno, pero enseguida siento que no tengo hambre, aunque si deseos de orinar. Entonces me percato que algunos nos miramos extrañamente, sin decir palabras.
El señor que entro tras de mi en la madrugada se me acerca y me da las gracias, comentándome con voz tranquila y clara que tampoco ha podido dormir y lo duro que estaba el piso. Por primera vez en muchas horas me sonrío y con idéntica expresión de mi rostro le agrego que demasiado. __ ¡Demasiado duro y frío!__
Amador Odio Padrón, padre ejemplar, luchador incansable por la libertad de nuestra Patria y exitoso empresario. Otro de mis valientes e inolvidables hermanos de causa al igual que su esposa Sara del Toro, lamentablemente hoy ambos fallecidos.
-IV-
La “Celda # 2” que es como se le conoce entre el subterráneo bosque de cuevas enrejadas, que conforman este siniestro lugar, resulta oscura, con un solo bombillo colgando de su techo, lo cual contribuye a que mantenga durante las horas del día, un ambiente sofocante y cargado de presión. Todos los olores procedentes del baño, la humedad de las paredes y el sudor acumulado de los casi cuarenta cuerpos que aquí habitamos, circulan entremezclados en el ambiente caluroso de este salón.
Construida para ser utilizada como garaje para dos automóviles de la antigua residencia, esta habitación rectangular con techos bajos tiene un área de 450 pies cuadrados aproximadamente. Tras ser remodelada, ha sido convertido en otra de las miserables celdas de esta siniestra instalación.
Para lograrlo han cerrado su frente levantado una amplia pared de bloques sólidos de hormigón, coronada a nivel del techo por una angosta ventanilla enrejada. A través de esta abertura y procedente del pasillo, recibimos parte de la escasa ventilación de que aquí disponemos. Completando la obra, una oxidada pero sólida reja de hierro sirve de puerta de entrada.
Su techo de color blanco habia dejado de serlo mucho tiempo atrás, cuando los primeros detenidos allí recluidos, dibujaron sus nombres sobre su blanca superficie. Como no había recursos para dejar constancia de su estadía, utilizaron el humo negro producido por las llamas de los fósforos. Hoy supera en negrura y desolación al piso gris de cemento.
Apretadas hileras de camas de metal a tres niveles de altura, ubicadas a ambos lados del salón, provocan una impresión inquietante al que arriba desde el exterior. Son como esqueletos en unos cementerios de hierros viejos, desnudos y desfondados. Unas pocas colchonetas rotas y empercudidas por el uso, compiten con arrugadas hojas de periódicos, en el difícil papel de servir de colchones.
Estas camas desnudas y oxidadas, serán un beneficio otorgado por el tiempo a tu estadía y antigüedad en esta celda. Solamente los continuos traslados de detenidos a otras prisiones, lograra cambiar a modo de consuelo, el duro piso por estos alambres destrozados.
Paredes en otras épocas pintadas, ahora destilan humedad. Se muestran sucias y manchadas producto del hacinamiento, la falta de mantenimiento y la higiene siempre precaria. Sus colores depresivos, surgen inquietantes a tu alrededor.
Como si desearan envolverte en la desolación y la confusión, en la feroz imagen de cualquier ruina abandonada.
Es el escenario provocado deliberadamente por tus enemigos. Facilitado por la impunidad de que gozan bajo este feroz estado de incomunicación y terror. Otra de las muestras más insolente de su carencia total de respeto hacia la condición humana. Este hacinamiento sistemático siempre útil a sus propósitos, te lo mostraran a través de todos los años de prisión.
-V-
En la pared que esta frente a la reja de entrada, hay una cruz dibujada hace mucho tiempo. También cuidadosamente trazados con el grafito negro de un lápiz, y descendiendo en silencio hasta muy cerca del piso, aparecen los nombres de decenas de mártires, que en esta celda vivieron antes de ser fusilados.
Estremecedora, penetrando en tu alma desde el borde mismo de la eternidad, esta acusadora pared, una y otra vez reclama tu mirada. Es como si un himno glorioso le estuviera exigiendo a tus ojos, su sagrado derecho al silencio ante el martirologio de aquellos nombres.
No era posible arribar a este lugar por vez primera y mirar en otra dirección. Su imponente majestad parecía absorber todos tus sentimientos, empequeñeciendo el resto de aquel escenario dramático que se movía a tu alrededor. Con paciencia dolorosa, como un póstumo homenaje a cada hermano caído, esta simbólica lapida mortuoria era actualizada periódicamente ante la noticia de cada nuevo asesinato.
-VI-
En algún momento logro orinar. También haciendo un esfuerzo, desayunar. Inevitablemente llega el instante del contacto con otros detenidos. Miradas recelosas de unos, saludos espontáneos de otros y preguntas indiscretas de algunos sobre tu detención.
Están llamando nuevamente a la puerta de entrada. Es un nuevo guardián de casco y bastón. Menciona mi nombre. Como tardo en llegar con impaciencia lo grita otra vez. Me acerco a la reja la cual el ya ha abierto. Al mirar a la cara de este hombre se de inmediato que todo ha comenzado. Algo desagradable me esta esperando.
Estimado Vicente: Te envie unos comentarios por email pero veo que no te llegaron. Te los repetire mañana desde mi oficina (ahi los tengo archivados). Como resumen te puedo decir que tu forma de escribir es muy buena, amena, mantiene la intriga y la expectativa, por lo cual provoca seguir leyéndolo. Te felicito realmente porque tu estilo es muy parecido (guardando la distancia) al de Garcia Marquez (el Gabo), por cuanto es muy rico en descripciones de ambientes, introduce al lector en la trama, le transmite las emociones del momento y hasta los olores del ambiente telúrico en que se desenvuelve. Te sugiero que sigas haciendolo con más frecuencia para que podamos deleitarnos con la trama de la historia que estas contando. En mi email soy más extenso en los comentarios y te envio unas sugerencias. Muchas felicidades y exito. Sigue escribiendo que ese es tu camino (más vale tarde que nunca). Leronardo castellaneta
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