Cuentos

Wednesday, May 12, 2010

PRIMERA PARTE: LA DETENCION

Sábado 21 de Octubre de 1961.
Hora: 11:35 pm


-I-

Es muy cerca de la medianoche. Mientras al norte de la ciudad, en las aún concurridas zonas turísticas de La Habana, la vida se inicia, mas al sur en el residencial distrito de Santos Suárez, todo parece estar en profundo descanso.

Sus calles, nombradas en honor a insignes patriotas o destacados políticos de una recién finalizada etapa republicana, están ahora desiertas. Parecieran tratar de refugiarse en el silencio. Protegerse del drama generado en todo el país por un convulso octubre, otoñal y revolucionario.

Sus casas, hermosas a la luz del día, se muestran a estas horas sombrías. Simulan esa triste apariencia de estar deshabitadas, mientras en su interior, sus moradores desamparados frente al despliegue de represión del gobierno, reprimen sus impulsos de protestar con la esperanza de un cambio futuro o el sueno de abandonar el país. Alertas ante la realidad de un inminente cataclismo social y económico, abrazan desafiantes a sus hijos, mientras llenos de resignación añoran los audaces últimos sesenta años de modernidad y bienestar alcanzados por la nación.

Pero más hacia el oeste y muy cercana a la costa, en una de las zonas mas exclusivas de toda la ciudad, estas horas transcurren de manera muy diferente. Desde hace meses allí se encuentra ubicada, una de las más siniestras instalaciones represivas del actual gobierno, tristemente conocida como la Seguridad del Estado cubano o simplemente el G-2.

Por ello a pesar de haber sido este sábado un día apacible, con un cielo despejado y hermoso, a la caída de la tarde, partiendo velozmente desde la calle 14, autos negros recrean con gemidos de dolor, las primeras sombras de la siempre transitada Quinta Avenida de Miramar.

Sorprendidos, ante la velocidad suicida y sus extraños ocupantes, los distraídos chóferes que con estos autos se van cruzando, conscientes de su procedencia y su secreta misión, incorporan en sus rostros las alarmantes miradas del recelo y el miedo.

Es la hora en que se inicia la pesadilla en toda la ciudad. Son los carros negros que cada día cruzan la noche en busca de nuevas victimas, muchas de las cuales en breve tiempo se convertirán en mártires.

Sin tregua, como un incontenible desbordamiento de la represión mas violenta, los autos negros regresaran una y otra vez cargados de hombres y mujeres, a los cuales en segundos introducirán en un mundo subterráneo, en una infernal dimensión secreta de agonías y sufrimientos, donde jamás se duerme.



-II-


Tranquila en apariencia, pero discretamente sumergida en las mismas sombras de inquietud alarmantes del momento, esta mi casa. Previsoramente ha sido construida a varios metros de altura sobre el nivel de la calle. Una calle larga y de pendiente dramática, por donde en verano las aguas de lluvia descienden atropelladamente, desde los cerros altos de la populosa pero inquieta barriada de la Víbora.

La noche es fresca y una brisa ligera ha comenzado a juguetear sobre la copa de los árboles, cuando de pronto sigilosamente, las luces de dos automóviles aparecen lentamente en la distancia.

En el interior de la casa hay un profundo silencio. Solamente una luz en uno de los cuartos permanece encendida. En el resto de las habitaciones donde descansan mi padre, mi hermana y una pequeña niña familia de mi esposa, todo esta a oscuras. Mama acompaña en la clínica Marfan al hermanito de la niña que esta enfermo.

Todo en el exterior esta aparentemente normal. En ningún momento se ha escuchado el sonido de un motor, ni ruido alguno que nos alarme, que nos haga sospechar que en esos instantes sombras encapuchadas al amparo de la oscuridad, se están moviendo agazapadas a nuestro alrededor. Es el tenebroso silencio que precede a la tormenta.

Mientras mi esposa duerme a mi lado, sobre un block de papel a rayas, organizo el trabajo para la próxima semana. Entre las páginas hay dos hojas que han sido impresas de forma clandestina. Pertenecen a la última tirada de “Antorcha”, órgano oficial de la organización subversiva Movimiento Revolucionario del Pueblo, (MRP) con la cual estoy comprometido desde el ano 1960. En breve daremos inicio a la entrega en toda la provincia de La Habana, de cuyos municipios del interior desde hace meses, tengo la responsabilidad en lo que atañe a su distribución.

De pronto extrañado levanto la cabeza. Un tenue ruido ha llegado desde afuera. Aunque breve lo he captado. Una alarmante sensación de inminente peligro se apodera de mí ahora que escucho claramente, como han abierto la pequeña reja del jardín que cierra el paso a los patios traseros de la casa. Sigilosamente, sin percatarnos, un grupo de hombres armados han ascendido las escaleras y están accesando a nuestro hogar.

Miro a la ventana del cuarto, con sus tablillas blancas de madera y los cristales esmerilados, estos últimos no cubiertos por la cortina. Tras ellos claramente reflejados por una luz que alumbra en el patio, distingo la sombra siniestra de una persona que estando de pie, en forma agresiva sostiene una ametralladora. Seguramente las pisadas vacilantes o la premura impulsiva de este individuo, han sido quienes lo han delatado al iniciar el asalto.



-III-



Tratando de no hacer ruido, despierto a mi mujer tocándola suavemente con una mano a la vez que coloco la otra sobre los labios, haciéndole señas de que permanezca en silencio y que mire hacia la ventana.

Sin esperar su reacción, me deslizo con sigilo de la cama dirigiéndome directamente al baño que esta frente a nuestra habitación, llevándome los volantes impresos y las hojas de papel estos últimos muy comprometedores. Tras estrujarlos, los coloco en el inodoro y trato de hacerlas desaparecer descargando el agua del tanque. Al no lograrlo, acciono nuevamente, pero nada sucede. El deposito esta vacío, pues la llave de paso que esta afuera en el patio ha sido cerrada en la tarde antes de salir para el hospital. Introduzco las hojas por el sifón del desagüe y allí las dejo trabadas.

Al regreso del baño encuentro a mi padre y a mi mujer en el pasillo que enlaza
las habitaciones. Tienen sus caras sombrías y llenas de expectación. Esa intensa palidez que adquieren los rostros humanos, cuando presienten que la preocupación en breve se convertirá en una temida realidad. Con dolor comprendo que con sus miradas de angustia, desde su expresión de sorpresa, me están interrogando.

Pero no hay tiempo para hablar porque lo que todos temíamos enseguida sucede. Es posible hayan sentido el movimiento dentro del baño o notado que estamos activos. Tal vez convencidos de que han perdido la oportunidad de la sorpresa, tratan de recuperar la iniciativa. El caso es que en solo segundos convierten la aparente paz de la madrugada, en unos minutos de confusión y terror.

Ruidos en el exterior, pasos rápidos, cuerpos atropellados por la emoción o tal vez el miedo. Golpean las puertas. Violentan las ventanas, saltando sus tablillas de madera al estar estas protegidas por unas rejas. Siniestramente introducen los cañones de sus armas mortíferas en busca de supuestos peligrosos enemigos ocultos.

Desde su cuarto llegan corriendo asustadas mi hermana y la niña que se abrazan a nosotros. Papá con una voz serena a pesar del momento critico, nos pide que no caminemos por la casa, que es mejor que permanezcamos donde estamos. Por mi parte también trato de tranquilizarlas, diciéndoles que se trata de una confusión y que nada malo ocurrirá.

Pero conozco muy bien que no hay nada que podamos hacer. Aunque de momento estemos amparados de la violencia exterior por el reducido espacio del pasillo donde nos hemos refugiado, estamos solos, desamparados en la soledad de la noche.

Entonces sucede algo que nunca he olvidado. Reponiéndose, tras el susto de ver abrirse violentamente la ventana de su cuarto, mi hermana Berta que apenas tenia diecisiete anos, con un gesto ocurrente pero sombrío me dice al oído: __ ¡Mi hermano son la gente de Gerardo mariposa!__ Era una especie de contraseña usada entre personas desafectas al gobierno para indicar el peligro ante la presencia de chivatos o agentes encubiertos del G-2. * *
(Gerardo la letra G y mariposa que es el numero 2 en la popular charada cubana).



-IV-



Como están dando golpes en la puerta de entrada, y reclamando a gritos la abramos, dejo a las mujeres con mi padre y me dirijo hacia la sala. Al cruzar el comedor que esta a oscuras, enciendo su luz convencido de que es lo mas seguro, pues me deben estar observando. Súbitamente dejan de golpear.

Nuevamente el silencio se apodera de la casa. Y con el, su inevitable sensación de tragedia. Al fin llego hasta una ventana que esta al lado de la puerta principal. Exactamente la ventana que nunca he entendido porque ellos no hicieron nada por abrir.

Aparentando estar molesto y haciendo acopios de una tranquilidad que no tengo en esos momentos, pregunto que quieren y quienes son. Desde el portal una voz cortante, de tono autoritario me dice que son del CDR*, del comité de defensa de la cuadra y que debo abrirles la puerta de inmediato.

A sabiendas es inútil mi argumento, les respondo que vengan en la mañana que a estas horas no puedo abrirles. Peligroso error de mi parte, pues es entonces cuando dan un golpe a la ventana posiblemente con la culata de un arma o algún objeto contundente para tratar de que se abran las tablillas de madera.

No alargo más lo que se es inevitable. __Voy a abrirles la ventana__ Y procedo a hacerlo.



* (CDR- los llamados comités en defensa de la revolución que agrupan a vecinos cuya misión es vigilar e informar sobre la vida y comportamiento de cada habitante de su barrio, zona o cuadra.)
Frente a mis ojos veo unas sombras que se mueven. Un reguero azulado de armas. Y una voz chillona que les grita.
__ ¡Es el! ¡Ese mismo es! __ *

__ Enciende la luz de la sala. Solo la luz de la sala, y hazlo muy despacio.__
Es nuevamente la voz autoritaria, pero ahora agresiva y apremiante. Manteniéndome frente a la ventana y sin hacer ningún movimiento les digo que la tengo al lado y que voy a mover el brazo para encenderla. __ No te muevas de donde estas.__ Y es entonces que por primera vez se identifican. __ Somos la seguridad del estado. Enciende solo la luz de la sala.__

Estoy en extremo tenso. Y también muy consciente del peligro que todos en la casa estamos corriendo. Cuidadosamente, evitando cometer algún otro error o hacer un gesto brusco frente a aquella fuerza peligrosa, acciono el interruptor.

Al encenderse las bombillas de la lámpara del techo de la sala, un haz luminoso atraviesa la ventana y sale proyectado a las sombras del portal. Como ellos me sobresalto también, al ver los violentos desplazamientos de sus cuerpos que tratan de protegerse posiblemente ante el temor de ser agredidos desde el interior. Me quedo inmóvil, rígido frente a aquella ventana que me llena de inquietud. Por suerte todo se normaliza enseguida.

A partir de este momento los acontecimientos se producen velozmente y con la agresividad que es de esperarse en situaciones como esta. Vienen de civil con sus armas a punto para disparar. No será una entrada por las buenas sino todo lo contrario. En definitiva han llegado silenciosamente, han ascendido sigilosamente amparados en la impunidad de las sombras. No tienen el deseo ni la necesidad de

* Meses mas tarde durante la primera visita con mis familiares en la prisión de La Cabaña, me contarían que era un miembro del CDR que conociéndome de vista y al estar esa noche de guardia, lo llevaron para que me identificara.


FIN PRIMERA PARTE


La próxima semana: EL REGISTRO

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